Del prompting técnico a la pedagogía de la instrucción: cuando formular la pregunta transforma el aprendizaje
La formulación de instrucciones a la IA como competencia pedagógica emergente: marcos validados, secuencias didácticas fundamentadas y estrategias para convertir cada interacción con modelos de lenguaje en una oportunidad de aprendizaje significativo.
La pregunta que falta en el debate sobre IA y educación
Existe una paradoja que merece atención: mientras proliferan los manuales sobre cómo escribir instrucciones eficaces para ChatGPT, Claude o Gemini, apenas se discute qué significa aprender a interactuar con estos sistemas de manera formativa. La diferencia no es menor. Un estudiante puede dominar las técnicas de la ingeniería de instrucciones y, aun así, no haber aprendido nada sustantivo durante el proceso.
Proponemos en este artículo un giro de perspectiva: dejar de pensar en el prompting como habilidad técnica y empezar a concebirlo como competencia pedagógica. Examinaremos marcos de referencia con respaldo empírico, analizaremos secuencias didácticas fundamentadas y ofreceremos estrategias concretas para que la propia formulación de la consulta se convierta en ejercicio de aprendizaje.
La mayor parte de los recursos disponibles sobre instrucciones a la IA comparten un mismo supuesto: el objetivo es obtener la mejor respuesta posible. Fórmulas como «sé específico», «asigna un rol» o «proporciona contexto» dominan la conversación. Son útiles, sin duda. Pero insuficientes cuando el contexto es educativo.
¿Por qué? Porque en educación el criterio de éxito no es la calidad de la respuesta de la máquina, sino lo que el estudiante aprende durante el proceso. Esta distinción, aparentemente sencilla, tiene consecuencias profundas para cómo diseñamos las interacciones con la IA en el aula universitaria.
La instrucción pedagógica a la IA no busca obtener respuestas correctas, sino que el camino hacia esas respuestas constituya en sí mismo una oportunidad de aprendizaje. El proceso importa más que el producto.
Maloy y Gattupalli (2024) lo expresan con claridad: navegar las complejidades de la IA generativa requiere algo más que una comprensión rudimentaria de la tecnología. Exige competencia en la formulación de instrucciones que incluya la capacidad de evaluar críticamente los resultados obtenidos. Coincidimos con esta posición, aunque añadiríamos un matiz: no se trata solo de evaluar resultados, sino de diseñar la propia interacción como secuencia formativa.
Para entender mejor esta distinción, resulta útil contrastar dos aproximaciones que conviven actualmente en la práctica docente.
| Dimensión | Instrucción técnica | Instrucción pedagógica |
|---|---|---|
| Objetivo | Obtener respuestas precisas y completas | Activar procesos cognitivos en el estudiante |
| Visión de la IA | Oráculo o asistente eficiente | Interlocutor, tutor o provocador cognitivo |
| Foco | Producto final generado | Proceso de construcción de conocimiento |
| Criterio de éxito | Calidad y relevancia de la respuesta | Evidencia de aprendizaje genuino |
| Rol del usuario | Formular instrucciones óptimas | Construir conocimiento activamente |
| Metacognición | Opcional o implícita | Central, explícita y evaluable |
Tabla 1. Contraste entre la instrucción técnica y la instrucción pedagógica a la IA. Elaboración propia.
El concepto de prompt literacy, que proponemos traducir como alfabetización en instrucciones a la IA, ha ganado tracción en la literatura reciente. Tour, Creely y Watermeyer (2025) desarrollan un marco particularmente interesante al adaptar el modelo clásico de las cuatro funciones de la alfabetización de Freebody y Luke (1990) al contexto de la interacción con modelos de lenguaje.
La adaptación resulta fértil porque desplaza la atención desde la habilidad técnica de «escribir buenas instrucciones» hacia una competencia más amplia que incluye dimensiones críticas, contextuales y analíticas. Veamos las cuatro dimensiones que proponen.
1. Descodificación
Comprender cómo funcionan los modelos de lenguaje, qué tipo de respuestas pueden generar y cuáles son sus limitaciones inherentes. No se trata de conocer la arquitectura técnica, sino de desarrollar una intuición informada sobre lo que estas herramientas pueden y no pueden hacer.
2. Comprensión textual
Evaluar críticamente las respuestas generadas: identificar errores factuales, sesgos, generalizaciones excesivas o ausencia de matices. Esta dimensión es quizá la más urgente, dado que la fluidez textual de los modelos puede generar una falsa sensación de fiabilidad.
3. Uso contextualizado
Aplicar estrategias de instrucción diferentes según propósitos específicos: una consulta para explorar perspectivas divergentes requiere un diseño distinto a una solicitud de retroalimentación sobre un borrador. El contexto determina la forma.
4. Análisis crítico
Comprender que tanto las instrucciones como las respuestas están atravesadas por perspectivas, valores y sesgos culturales. No existe la interacción «neutral» con la IA. Posicionarse activamente ante esta realidad es parte esencial de la competencia.
Figura 1. Las cuatro dimensiones de la alfabetización en instrucciones a la IA. Adaptado de Tour, Creely y Watermeyer (2025), a partir de Freebody y Luke (1990).
Esta conceptualización de la alfabetización en instrucciones abre una pregunta natural: ¿cómo se traduce en la práctica? ¿Qué marcos de referencia permiten estructurar instrucciones que activen estas cuatro dimensiones simultáneamente?
Entre los marcos disponibles, el modelo CRETA+R merece atención particular por dos razones. En primer lugar, está diseñado específicamente para el contexto educativo, no adaptado desde la ingeniería informática. En segundo lugar, cuenta con validación empírica en formación del profesorado, lo que permite identificar no solo sus componentes, sino también los puntos de mayor dificultad en su apropiación.
Figura 2. Componentes del modelo CRETA+R. Adaptado de García-Beltrán (2026).
Los estudios de validación del modelo CRETA+R revelan un patrón revelador: los componentes «Tarea» y «Contexto» son los que los docentes dominan con mayor facilidad, mientras que «Ajustar» y «Refinar», los de mayor carga metacognitiva, requieren práctica deliberada sostenida para consolidarse (García-Beltrán, 2026). Este dato sugiere que la instrucción pedagógica a la IA no se adquiere con un taller de dos horas.
Más allá de los marcos estructurales como CRETA+R, conviene identificar los componentes que distinguen una instrucción pedagógica de una meramente técnica. Federiakin, Graf y Yang (2024) aportan una contribución valiosa al desarrollar y validar un instrumento de evaluación de competencias en la formulación de instrucciones. De su trabajo, junto con los aportes de Plattjies y Van Wyk (2025), podemos extraer tres componentes nucleares.
| Componente | Qué implica | Pregunta orientadora |
|---|---|---|
| Propósito pedagógico | Centrar la instrucción en el proceso de aprendizaje, no en la obtención de un producto terminado | ¿Qué quiero que el estudiante aprenda a través de esta interacción? |
| Restricciones formativas | Incluir indicaciones que eviten respuestas que sustituyan el esfuerzo cognitivo del estudiante | ¿Cómo evito que la IA resuelva directamente el problema? |
| Formato orientado al proceso | Especificar tipos de respuesta que promuevan actividad cognitiva: preguntas, esquemas parciales, contraejemplos | ¿Qué tipo de respuesta generará reflexión genuina? |
Tabla 2. Componentes de la instrucción pedagógica a la IA. Síntesis a partir de Federiakin et al. (2024) y Plattjies y Van Wyk (2025).
Los marcos conceptuales cobran sentido cuando se materializan en prácticas concretas. Presentamos tres secuencias didácticas que ilustran cómo transformar la interacción con la IA en oportunidad formativa. Cada una responde a un momento pedagógico diferente y puede adaptarse a diversas disciplinas.
Las secuencias anteriores funcionan cuando el estudiante las utiliza con honestidad intelectual. Pero conviene preguntarse: ¿cómo verificar que la interacción con la IA ha producido aprendizaje genuino y no una mera simulación de competencia? Moldavan y Nafziger (2024) identifican un riesgo real al observar que los docentes en formación pueden generar productos aparentemente sólidos con IA sin haber comprendido realmente los conceptos subyacentes.
Proponemos cuatro estrategias complementarias para abordar este desafío.
| Estrategia | En qué consiste | Ejemplo de aplicación |
|---|---|---|
| Documentación del proceso | Exigir que el estudiante registre sus interacciones con la IA, las decisiones tomadas y las justificaciones de cada ajuste | Incluir un registro de instrucciones utilizadas con análisis reflexivo de las elecciones realizadas |
| Verificación en tiempo real | Complementar las entregas escritas con defensas orales o aplicación a situaciones nuevas no trabajadas con la IA | Presentación oral con preguntas sobre cualquier aspecto del trabajo, incluyendo las decisiones metodológicas |
| Posicionamiento crítico | Solicitar que el estudiante tome postura fundamentada ante las respuestas de la IA, no que las acepte pasivamente | Evaluar críticamente una respuesta generada por IA: identificar limitaciones, sesgos y proponer alternativas |
| Materiales específicos | Diseñar actividades que requieran datos, casos o documentos proporcionados exclusivamente en la asignatura | Análisis de transcripciones de clase, casos diseñados ad hoc o datos de investigación del propio grupo |
Tabla 3. Estrategias para garantizar aprendizaje genuino en interacciones con IA.
Conviene no perder de vista un problema de fondo: los estudiantes que dominan el inglés, tienen mayor familiaridad con tecnologías digitales o pertenecen a contextos culturales sobrerrepresentados en los datos de entrenamiento obtienen, de partida, respuestas más útiles de los modelos de lenguaje. Esta asimetría epistémica no desaparece por sí sola. Requiere intervención pedagógica deliberada: andamiaje diferenciado, instrucciones modelo en la lengua del estudiante y discusión abierta sobre los sesgos inherentes a estos sistemas.
Theophilou y sus colaboradores (2023) subrayan que la alfabetización en IA no puede limitarse a la dimensión técnica o cognitiva: necesita incorporar una dimensión ética explícita. En el contexto de la instrucción pedagógica, esto se traduce en competencias específicas que los estudiantes deberían desarrollar progresivamente.
Competencias éticas en la interacción con IA
- ✓ Transparencia: declarar explícitamente cuándo y cómo se ha utilizado la IA, distinguiendo entre asistencia puntual y delegación del trabajo cognitivo
- ✓ Evaluación crítica: no asumir la corrección de las respuestas generadas, verificar fuentes, cuestionar sesgos y contrastar con evidencia independiente
- ✓ Reconocimiento de límites: identificar qué tipos de tareas se benefician genuinamente de la IA y cuáles requieren trabajo cognitivo autónomo
- ✓ Responsabilidad contextual: comprender las implicaciones éticas del uso de IA en contextos académicos y profesionales, incluyendo cuestiones de autoría, equidad y acceso
Todo lo anterior desemboca en una pregunta ineludible: ¿cuál es el rol del docente en este escenario? Lejos de lo que algunas narrativas tecnoutópicas sugieren, la presencia de la IA en el aula amplifica la necesidad de mediación pedagógica experta, no la reduce. Pero sí la transforma.
El docente deja de ser la fuente principal de información (función que la IA puede cumplir con cierta solvencia) para convertirse en diseñador de experiencias de aprendizaje, intérprete de procesos cognitivos y garante de que la interacción con la tecnología produce aprendizaje genuino. La siguiente tabla delimita con mayor precisión esta reconfiguración.
| Función docente | La IA puede contribuir a... | La IA no puede sustituir... |
|---|---|---|
| Diseño de secuencias | Sugerir actividades y generar variantes | El conocimiento del contexto específico del grupo |
| Modelado de uso crítico | Mostrar ejemplos de interacciones | La transferencia de actitudes y valores profesionales |
| Evaluación del aprendizaje | Ofrecer retroalimentación sobre aspectos formales | El juicio sobre si hay aprendizaje genuino o simulación |
| Intervención adaptativa | Responder a instrucciones específicas | La detección de necesidades no expresadas verbalmente |
| Acompañamiento | Disponibilidad permanente para consultas | La relación pedagógica significativa entre personas |
Tabla 4. Reconfiguración del rol docente en entornos de aprendizaje con IA.
De oráculo a interlocutor: una síntesis
La clave reside en formular instrucciones que activen procesos cognitivos, que generen desafíos productivos y que transformen la propia formulación de la consulta en ejercicio de aprendizaje. Cuando esto ocurre, la IA deja de ser un oráculo que responde y se convierte en un interlocutor que provoca pensamiento.
La pregunta ya no es si la IA formará parte de los procesos educativos. Ya lo hace. La cuestión relevante es cómo lograr que esa presencia contribuya genuinamente al aprendizaje en lugar de erosionarlo. La instrucción pedagógica a la IA, entendida como competencia crítica y reflexiva, constituye una de las respuestas más prometedoras a este desafío.
Pero conviene mantener la cautela. Como hemos visto, los componentes metacognitivos de esta competencia, precisamente los más valiosos, son también los más difíciles de desarrollar. No bastan los talleres puntuales ni las listas de trucos. Se necesita práctica deliberada, acompañamiento docente sostenido y, sobre todo, una reconceptualización de lo que significa interactuar con la IA en contextos formativos. La tecnología cambia rápidamente. Los principios pedagógicos que guían su uso formativo, bastante menos.
Para llevar al aula
Antes de la próxima clase, reformule una actividad que ya utilice IA: en lugar de pedir a los estudiantes que obtengan una respuesta, pídale que diseñen una instrucción que les obligue a pensar. Ese pequeño giro, de la respuesta al proceso, es donde comienza la pedagogía de la instrucción.
Referencias
Federiakin, D., Graf, S. y Yang, J. (2024). Assessment of prompt engineering skills: Development and validation of an instrument. Computers and Education: Artificial Intelligence, 6, 100175. https://doi.org/10.1016/j.caeai.2024.100175
Freebody, P. y Luke, A. (1990). Literacies programs: Debates and demands in cultural context. Prospect: Australian Journal of TESOL, 5(3), 7-16.
García-Beltrán, E. (2026). No es magia, es prompting: el diseño de prompts como competencia emergente en la formación docente. Un estudio desde el modelo CRETA+R. Pixel-Bit. Revista de Medios y Educación, 75, Art. 6. https://doi.org/10.12795/pixelbit.115487
Maloy, R. W. y Gattupalli, S. (2024). AI literacy: Teaching strategies for K-12 educators. TechTrends, 68, 210-219. https://doi.org/10.1007/s11528-024-00932-x
Moldavan, A. M. y Nafziger, L. J. (2024). Using generative AI to create lesson plans: Pre-service teachers' engagement with and attitudes toward AI-assisted lesson planning. Journal of Technology and Teacher Education, 32(4), 493-518.
Plattjies, B. y Van Wyk, M. (2025). Prompt literacy as an enhancer of students' academic writing outcomes in higher education institutions: A systematic literature review. Education and Information Technologies. https://doi.org/10.1007/s10639-025-12876-9
Theophilou, E., Reviriego, P., Cabeza, J. A. y Koulieris, G. A. (2023). AI literacy for all: Exploring how to teach AI concepts through prompting and chatbots. Proceedings of the 15th International Conference on Computer Supported Education, 238-245.
Tour, E., Creely, E. y Watermeyer, R. (2025). Conceptualizing and operationalizing prompt literacy for English language learners. Journal of Adolescent & Adult Literacy, 68(4), 287-296. https://doi.org/10.1002/jaal.70020