El nombre que nadie habría escrito extracto

Un profesor supo qué trabajos había escrito ChatGPT sin usar ningún detector. Le bastó con buscar un nombre. La idea tiene casi cien años.

El nombre que nadie habría escrito extracto

Un profesor universitario recibe los trabajos finales de su asignatura. No usa ningún detector de IA. No compara estilos. Hace una sola cosa: abre el buscador del documento y escribe un nombre.

En algunos trabajos, el nombre aparece. En otros, no. Con eso le basta para saber quién ha hecho la tarea con ChatGPT.

Lo curioso es que ese nombre no tiene nada que ver con la asignatura. Ningún estudiante lo escribiría por su cuenta. Y los que lo escribieron ni siquiera saben que lo han hecho.

¿Cómo consigue un profesor que ChatGPT deje su firma en el trabajo de un alumno?

La respuesta empieza en un mapa de carreteras de hace casi cien años.

Un pueblo inventado para cazar copiones

En los años treinta, dos cartógrafos de Nueva York, Otto G. Lindberg y Ernest Alpers, hacían mapas de carreteras. Tenían un problema: otras empresas copiaban su trabajo.

Así que inventaron un pueblo. Lo dibujaron en un cruce de caminos vacío y lo llamaron Agloe, con las letras de sus iniciales (Vitacco, s. f.).

Nueva York · años treinta

Agloe

población: 0

Un pueblo que solo existía en el mapa

Si Agloe aparecía en un mapa de la competencia, quedaba claro que lo habían copiado. Y apareció.

La historia tiene un final sorprendente. Años después, alguien abrió una tienda en aquel cruce y la llamó Agloe General Store, porque así lo decía el mapa (Genbeta, s. f.). El pueblo falso acabó teniendo tienda.

Los diccionarios hicieron lo mismo con palabras inventadas. La idea es sencilla: si un dato solo puede venir de ti, quien lo repite te ha copiado.

La misma idea, ahora contra ChatGPT

Nuestro profesor ha llevado la trampa de Agloe al aula. Pero ya no busca a alguien que copia. Busca a una máquina que obedece.

Su trampa es una sola frase. Está en un lugar concreto y escrita de una forma concreta.

El estudiante que hace el trabajo por sí mismo nunca tropieza con ella. El que se lo encarga a ChatGPT, sí. Y no tiene que hacer nada para caer: es la propia IA la que escribe el nombre en el trabajo.

La historia lleva casi dos años en las redes y estos días ha vuelto a la prensa. Todo docente querría un truco así. Pero tiene letra pequeña. Y en 2025, unos investigadores usaron la misma idea al revés.

¿Qué nombre era? ¿Dónde estaba la frase? ¿Y por qué ChatGPT cae en la trampa mientras el estudiante no se entera de nada?

Para suscriptores, a continuación

1. El nombre, la frase y dónde la escondió el profesor.

2. Por qué ChatGPT obedece y el estudiante no se da cuenta.

3. Los tres fallos del truco. Uno perjudica al estudiante que menos lo merece.

4. Una alternativa de cinco minutos que funciona mejor que cualquier trampa.