[App]El rediseñador de actividades
Basado en el libro La evaluación del aprendizaje en la Educación Superior en tiempos de la IA. Esta app irá con el libro.

Los doce patrones del apéndice A funcionan sobre el papel. Llevarlos a una asignatura concreta exige algo más, y ese trabajo suele encallar en el mismo punto: elegir qué patrón encaja con lo que queremos observar, y traducirlo en fases, evidencias y criterios que quepan en el calendario real de un cuatrimestre. El rediseñador de actividades automatiza esa traducción.
Es una aplicación de un solo archivo que se abre en cualquier navegador. No requiere instalación, ni registro, ni conexión a internet. Acompaña a este manual y trabaja con el mismo material que acabamos de exponer.
Qué le pedimos
Tres pantallas breves. En la primera describimos la asignatura, el nivel, el tamaño del grupo, la modalidad, el tiempo disponible, el resultado de aprendizaje y la actividad tal como la impartimos hoy. Conviene describirla sin adornos, incluido lo que no funciona.
En la segunda indicamos el desempeño principal que queremos observar, argumentar, analizar datos, decidir en situación profesional, diseñar, comunicar y otros ocho más, junto con lo que nos preocupa de la actividad actual y la carga de corrección que podemos asumir. Esta pantalla es la que más condiciona el resultado.
En la tercera fijamos el papel de la IA en la tarea según la escala AIAS del apéndice B, o dejamos que la aplicación proponga el nivel coherente con el patrón asignado.
Qué devuelve
Seis documentos, todos imprimibles y descargables por separado.
La actividad rediseñada. Una secuencia en cuatro fases que desplaza el peso evaluativo del producto al proceso. La primera fase recoge la posición propia del estudiante antes de cualquier interacción con IA, fechada, porque sin línea base el resto no es interpretable. La segunda pauta la interacción con la herramienta según el patrón. La tercera exige contraste y versión final. La cuarta añade la declaración y una defensa breve. El documento incluye la justificación del patrón elegido, las evidencias de proceso que se recogen, una estimación de la carga de corrección en minutos por estudiante y un plan de accesibilidad con ruta alternativa.
La rúbrica. Cuatro o cinco criterios con cuatro niveles cada uno, construidos sobre la regla que hemos defendido a lo largo del manual: una rúbrica en tiempos de IA valora conocimiento, juicio, revisión y verificación. Los pesos se ajustan al desempeño elegido. Cuando el nivel AIAS es 1, el criterio de uso de IA desaparece y su peso se redistribuye.
El bloque de uso de IA y las declaraciones. El nivel de la escala con su justificación, el texto literal para incorporar a la consigna y los dos modelos de declaración del apéndice B, el breve y el ampliado.
La hoja para el estudiante. El mismo rediseño en lenguaje directo, lista para repartir, con lo que se le pide, lo que puede y no puede hacer con la IA, cómo se le califica y a quién acudir si no tiene acceso a las herramientas.
El prompt maestro. Una instrucción larga para quien quiera afinar el resultado con su propio asistente y ajustarlo a un contenido muy específico. El rediseño anterior es utilizable sin este paso. Lo incluimos porque adaptar el vocabulario de una disciplina concreta sigue siendo más rápido con ayuda.
La comprobación. La lista C.1 del apéndice C aplicada al rediseño generado. Nueve casillas las resuelve el propio documento. Tres quedan en nuestras manos, porque dependen del calendario, de la normativa del centro y de las garantías de la defensa. La aplicación las señala y explica cómo cerrarlas.
Cómo elige el patrón
El motor cruza seis variables: ámbito disciplinar, desempeño observado, nivel AIAS, tamaño del grupo, duración y carga de corrección asumible. Penaliza los patrones exigentes en grupos masivos y los de seis fases cuando el plazo es de una semana. Devuelve el mejor ajuste y permite regenerar todo con el segundo y el tercero, porque la elección final es nuestra y a veces conocemos razones que ninguna variable recoge.
Sus límites
La aplicación no escribe el contenido disciplinar. Produce la arquitectura de la tarea, no el caso clínico, el conjunto de datos ni el corpus documental que la llena. Esa parte sigue siendo nuestra, y es la que exige criterio de especialista.
Tampoco decide por nosotros. Un rediseño que no encaja con lo que sabemos de nuestro grupo se descarta o se ajusta a mano. La herramienta acelera la traducción del marco a una tarea concreta, y ese ahorro de tiempo es real, pero no sustituye el juicio de quien conoce la asignatura.
Antes de repartir una consigna generada con ella, conviene probar personalmente la instrucción del patrón con la herramienta que vaya a usar el estudiantado. Si la IA se salta el rol, resuelve la tarea o inventa datos, ajustamos la instrucción. El guion se prueba, no se supone.



