Nadie aprieta el gatillo: Paul Virilio y la guerra que aprendió a desaparecer
Paul Virilio sostuvo que la guerra moderna no se decide por el territorio que se ocupa, sino por la velocidad con la que se ve, se decide y se dispara. Cinco conceptos de su obra, la dromología, la logística de la percepción, el accidente, el dron como ojo sin cuerpo,...
Paul Virilio sostuvo que la guerra moderna no se decide por el territorio que se ocupa, sino por la velocidad con la que se ve, se decide y se dispara. Cinco conceptos de su obra, la dromología, la logística de la percepción, el accidente, el dron como ojo sin cuerpo y la disolución algorítmica de la responsabilidad, permiten leer Ucrania y Gaza con una lucidez que la estrategia convencional no ofrece.
Una revista asturiana y un filósofo de la velocidad
Hay lecturas que no se eligen: simplemente ocurren. En algún momento de mi juventud cayó en mis manos un número de Los Cuadernos del Norte, la revista cultural que Juan Cueto Alas dirigía desde Asturias con un criterio intelectual que no tenía equivalente en España por aquel entonces. Cueto hacía algo infrecuente: colocaba a los grandes pensadores europeos al alcance de un lector curioso sin rebajar un ápice la exigencia. Y en aquellas páginas, casi de pasada, apareció Paul Virilio.
Lo que me atrapó no fue su análisis militar, sino algo más difícil de nombrar: la sensación de que alguien pensaba la guerra desde dentro de su propia lógica ontológica, no como fenómeno histórico ni como tragedia moral, sino como forma de organizar el tiempo, el espacio y la percepción humana. La velocidad como categoría del ser. Eso no se enseñaba en ningún libro de texto. Llegó de una revista hecha en Oviedo, con diseño sobrio y una ambición cultural que todavía me parece admirable.
No viajaba apenas en aquellos años. Viajaba, eso sí, a través de la lectura, que fue mi pasaporte real durante mucho tiempo. Hoy Virilio es un autor más bien denostado, o cuando menos desatendido, y esa indiferencia del presente no me preocupa demasiado. Cada uno construye sus referentes al margen de las ideologías que dominan cada época, y los míos quedaron fijados para siempre en aquella revista asturiana.

Hay imágenes que no olvidamos aunque nunca las hayamos visto del todo. Una pantalla en un container climatizado en Nevada. Un operador con auriculares que mueve un joystick mientras observa, en escala de grises térmico, la silueta de una persona a doce mil kilómetros de distancia. Unos segundos después, esa silueta deja de moverse. El operador completa el formulario, recoge su bolsa y conduce de vuelta a casa para cenar con su familia. Esto no es ciencia ficción. Es la descripción operativa del Programa de Aeronaves no Tripuladas de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos tal como funcionó en Afganistán, Yemen y Somalia durante casi dos décadas. Y es, también, la realización más completa del pensamiento de Paul Virilio, el filósofo que comprendió antes que nadie que la guerra moderna no es una acumulación de violencia, sino una acumulación de velocidad.
Virilio murió en 2018 sin haber visto el despliegue masivo de los sistemas de armas con decisión algorítmica. No llegó a conocer los enjambres de drones que operaron en el conflicto de Nagorno-Karabaj en 2020, ni la saturación de inteligencia artificial en los frentes de Ucrania a partir de 2022, ni la controversia sobre los sistemas de targeting automatizado en la Franja de Gaza. Pero su obra, construida durante más de cuatro décadas, ofrece un aparato conceptual extraordinariamente preciso para analizar todo ello. El propósito de este artículo no es hacer de Virilio un profeta, ejercicio siempre empobrecedor. La cuestión es otra: ¿qué nos permite ver, y qué nos impide ver, si leemos la guerra contemporánea con sus categorías?
La velocidad manda: fundamentos de la dromología
La contribución más singular de Virilio al pensamiento político es la dromología, término que acuñó en Velocidad y política (1977) a partir del griego dromos, carrera. La tesis central es deceptivamente simple: en la historia moderna, el poder político no se funda primariamente en la posesión del territorio, sino en el control de la velocidad de desplazamiento, de transmisión y de decisión. Quien controla la velocidad controla el espacio, y quien controla el espacio controla el tiempo. Esta inversión de la lógica clausewitziana, que sitúa la geografía y la masa humana en el centro de la estrategia, es lo que hace de Virilio un pensador incómodo y productivo a la vez.
La dromología no es una metáfora. Virilio la aplica con rigor genealógico al análisis de la historia militar. La caballería derrotó a la infantería porque se movía más rápido. El ferrocarril transformó el siglo XIX no como sistema de transporte civil, sino como máquina de movilización militar, como demostró la guerra francoprusiana de 1870. El avión introdujo la tercera dimensión, colapso de la idea de frente estabilizado. El misil balístico hizo inútil la distancia geográfica como factor defensivo. Cada salto en la velocidad constituye, para Virilio, una revolución política más profunda que cualquier cambio en la estructura social. La ecuación puede resumirse así: velocidad = poder = muerte. No es casualidad que sus primeros trabajos sobre dromología emergieran de la investigación sobre la arquitectura del Muro Atlántico, los bunkers de hormigón que Hitler mandó construir en las costas europeas, publicada en Bunker archéologie (1975). El bunker es la respuesta defensiva al exceso de velocidad ofensiva. Es la forma arquitectónica del miedo a la aceleración.
Lo que esta perspectiva ilumina de manera particular es algo que el análisis geopolítico convencional tiende a ignorar: la guerra no comienza cuando se dispara el primer proyectil. Comienza antes, en la organización logística, en la preparación de las infraestructuras de velocidad. Virilio lo formuló con precisión en Guerra pura (1983, con Sylvère Lotringer): la distinción entre tiempo de paz y tiempo de guerra es, desde el siglo XX, fundamentalmente ficticia. Las economías occidentales están permanentemente organizadas en torno a la producción de velocidad militar. La "guerra pura" es el estado de preparación constante, la movilización que no cesa porque no hay desmilitarización posible cuando la velocidad es la condición de supervivencia del Estado.
Ver es destruir: la logística de la percepción
El concepto que más directamente conecta el pensamiento de Virilio con los drones y la inteligencia artificial es el de "logística de la percepción", desarrollado en Guerra y cine (1984). La tesis es que desde la Primera Guerra Mundial, el ojo humano ha sido progresivamente desplazado por tecnologías de visión que amplían, aceleran y finalmente automatizan la percepción del campo de batalla. El arma y la cámara comparten, para Virilio, la misma lógica: apuntar, enfocar, disparar. La fotografía aérea de reconocimiento, el radar, los sistemas de visión nocturna por infrarrojos, los satélites de observación: todos son extensiones de la misma función, ver antes que el adversario para destruirlo antes de que pueda responder.
Hay algo filosóficamente denso en esta formulación que conviene no aplanar. Virilio no argumenta simplemente que la tecnología amplía las capacidades militares, punto que cualquier analista estratégico podría suscribir. Su tesis es ontológicamente más perturbadora: la visión tecnologizada no representa la realidad del campo de batalla, la constituye. Lo que no puede verse no existe militarmente. Lo que puede verse está, por esa razón, disponible para la destrucción. La cámara no registra objetivos, los produce. Esta idea alcanza su máxima carga crítica en La máquina de visión (1988), donde Virilio analiza cómo el cine, la televisión y los sistemas de guiado de misiles comparten una misma genealogía técnica. El misil de crucero que sigue un mapa previsualizado es, en cierto modo, un ojo que viaja hacia aquello que mira.
¿Qué ocurre cuando este proceso se lleva hasta sus últimas consecuencias? El drone responde esa pregunta de forma casi literal. Un vehículo aéreo no tripulado es, en su configuración más básica, una cámara con capacidad de disparar. El operador en Nevada no está en el campo de batalla: ve el campo de batalla. Y esa visión mediada, retardada por la latencia satelital, filtrada por la escala de grises térmica, comprimida en los píxeles de una pantalla, es la única realidad operativa que existe para quien toma la decisión de disparar. La "logística de la percepción" de Virilio ha encontrado en el drone su instancia más pura.
El accidente como destino
Hay un tercer eje del pensamiento viriliano que resulta indispensable para comprender la IA militar: su teoría del accidente. Formulada con creciente urgencia desde La bomba informática (1998) hasta El accidente original (2005), la tesis puede enunciarse así: cada tecnología lleva inscrita en su propia constitución el accidente que le es propio. El barco inventó el naufragio. El avión inventó el accidente aéreo. La red eléctrica inventó el apagón masivo. La bomba atómica inventó la catástrofe nuclear total. Lo que Virilio denomina "accidente integral" es la forma de accidente que correspondería a una tecnología de alcance planetario: no un accidente local y recuperable, sino una catástrofe sistémica, sin escala, sin territorio que pueda acotarla.
La formulación puede sonar apocalíptica, y Virilio no siempre escapó a la tentación del catastrofismo retórico. Pero hay en ella un núcleo analítico que conviene preservar: la idea de que los riesgos de una tecnología no son externalidades accidentales, sino consecuencias estructurales de su lógica interna. Un sistema de armas autónomo que puede tomar decisiones letales a velocidades inaccesibles para la supervisión humana no puede tratarse como un arma convencional que funciona más rápido. Es cualitativamente diferente. Sus accidentes serán cualitativamente diferentes. Y si esos sistemas se despliegan a escala, el "accidente" de una decisión algorítmica errónea puede desencadenar una escalada que ningún ser humano haya podido autorizar ni detener.
Aquí el pensamiento de Virilio dialoga, aunque él nunca lo formulara en esos términos, con lo que los analistas contemporáneos denominan el problema de la "trampa de la velocidad" en los conflictos con sistemas de armas autónomas: cuando dos adversarios despliegan sistemas de respuesta automática que operan en milisegundos, ninguno de los dos dispone del tiempo necesario para una desescalada deliberada. La velocidad, una vez más, determina el desenlace. Y el desenlace no ha sido elegido por nadie.
El drone como cumplimiento: el ojo sin cuerpo
El filósofo Grégoire Chamayou publicó en 2013 Teoría del dron, un análisis filosófico y político de los vehículos aéreos no tripulados que constituye, a nuestro juicio, el complemento contemporáneo más riguroso de la obra de Virilio. Chamayou no cita a Virilio de forma sistemática, pero su argumento central converge con la dromología de manera notable: el drone no es simplemente un arma más eficiente, sino una transformación de la lógica del combate. La guerra presupone, en su concepción clásica, una relación de exposición mutua al riesgo. Dos adversarios se enfrentan porque ambos pueden ser destruidos. El drone elimina esa reciprocidad. El operador está a salvo. El objetivo no puede responder. Esta asimetría absoluta es, argumenta Chamayou, lo que hace del drone no ya un arma de guerra sino un instrumento de policía a escala planetaria.
Desde la perspectiva viriliana, este argumento es correcto pero incompleto. Chamayou sitúa el problema en el plano ético-político de la exposición y la responsabilidad. Virilio lo llevaría al plano ontológico de la velocidad y la percepción. El drone no solo elimina el riesgo para quien dispara: elimina también el espacio como elemento constitutivo del conflicto. La distancia ya no protege. El territorio ya no tiene valor estratégico intrínseco. Lo que determina la capacidad ofensiva es la calidad del sistema de visión, la latencia de la comunicación satelital y la precisión del algoritmo de identificación de objetivos. El espacio geográfico se convierte en mero soporte de coordenadas, no en factor de poder.
Esto tiene consecuencias que el debate público sobre los drones raramente tematiza o se piensa. Si la distancia ha dejado de ser un obstáculo militar, entonces la distinción entre teatro de operaciones y territorio civil pierde parte de su fundamento técnico. No porque los operadores ignoren deliberadamente esa distinción, sino porque la tecnología que hace posible el ataque es la misma que hace posible la vigilancia (están en el mismo territorio), y la vigilancia no respeta fronteras. Virilio lo había formulado en Ciudad pánico (2004): la ciudad contemporánea es ya un campo de batalla potencial, no porque los ejércitos la hayan ocupado, sino porque las redes de visión que permiten el ataque a distancia la atraviesan constantemente. El estado de "guerra pura", la movilización permanente sin declaración, se realiza en la arquitectura invisible de los datos.
La decisión algorítmica: más allá del umbral humano
La inteligencia artificial introduce en este escenario una dimensión que excede incluso el marco analítico de Virilio, aunque su obra permite anticiparla. Los sistemas de armas letales autónomas, denominados en la literatura especializada LAWS (Lethal Autonomous Weapons Systems), son dispositivos capaces de seleccionar y atacar objetivos sin intervención humana directa en la decisión final. No son ficción especulativa. El sistema Harop israelí, el KARGU-2 turco, el Loyal Wingman australiano: estos son sistemas operativos, algunos de los cuales han sido documentados en conflictos reales.
La pregunta que estos sistemas plantean puede formularse en términos virilianoss de forma muy precisa: ¿qué ocurre cuando la velocidad de la decisión supera la capacidad de comprensión humana? La dromología de Virilio argumentaba que la política sigue a la velocidad: quien controla la aceleración controla el poder. Pero la IA introduce una discontinuidad que la dromología no había previsto del todo. Los sistemas de decisión algorítmica no solo son más rápidos que los humanos; operan en una dimensión temporal que carece de equivalente en la experiencia humana. Un sistema de defensa antimisiles que debe decidir si interceptar un objeto volador en 0,3 segundos no está simplemente siendo más veloz: está operando en un régimen temporal donde la categoría de "decisión" pierde su sentido habitual. No hay deliberación, no hay cálculo de consecuencias, no hay responsabilidad atribuible en ningún sentido reconocible.
Paul Scharre, en Army of None (2018), uno de los análisis más rigurosos sobre armas autónomas, argumenta que el verdadero problema no es técnico sino ético-político: los sistemas autónomos crean una "brecha de responsabilidad" (accountability gap) en la que nadie, ni el operador, ni el programador, ni el comandante, puede ser considerado plenamente responsable de una decisión letal tomada por un algoritmo. Esta formulación es filosóficamente coherente con la teoría del accidente de Virilio: el accidente propio de la IA militar no será un fallo técnico aislado, sino la disolución de la cadena de responsabilidad como consecuencia estructural de la velocidad de decisión. El "accidente integral" viriliano se realiza aquí como impunidad sistémica.
¿Es razonable este diagnóstico? La evidencia disponible sugiere que sí, aunque con matices importantes. Los sistemas de IA actuales no son generales artificiales que diseñan estrategias; son clasificadores estadísticos que identifican patrones. Pueden fallar de formas que ningún operador anticiparía, precisamente porque sus errores no tienen la misma estructura que los errores humanos. Un algoritmo de identificación de objetivos entrenado sobre datos de un conflicto específico puede producir errores categóricos en otro contexto. La "alucinación" de un modelo de lenguaje es molesta en un asistente de escritura. En un sistema de targeting autónomo, podría ser irreversible.
El presente como laboratorio
La guerra en Ucrania a partir de 2022 ha funcionado como el experimento más documentado de integración masiva de tecnologías de visión, drones y procesamiento algorítmico en un conflicto convencional de alta intensidad. Ambos bandos han desplegado drones comerciales modificados, drones de reconocimiento, drones de ataque y sistemas de contramedidas electrónicas en una escala sin precedentes. El resultado, observable en los análisis de inteligencia de fuentes abiertas, confirma varias de las intuiciones virilianass: la ventaja táctica oscila entre quien ve mejor y quien ve más rápido, no entre quien tiene más tropas o más tanques. Los tanques de producción soviética han resultado extraordinariamente vulnerables ante drones comerciales con munición modificada, precisamente porque no fueron diseñados para un entorno donde la amenaza puede llegar de cualquier ángulo a velocidades que los sistemas de defensa pasiva no contemplan.
La Franja de Gaza ha planteado una cuestión diferente y más perturbadora. Los informes publicados en 2024 por medios especializados como +972 Magazine describieron el uso de un sistema denominado "Lavender" por parte de las Fuerzas de Defensa de Israel: un sistema de inteligencia artificial que generaba listas de objetivos potenciales a partir del análisis masivo de datos de comunicaciones. El sistema no disparaba, pero seleccionaba. La decisión final era formalmente humana, pero en condiciones de sobrecarga operativa donde cada objetivo recibía, según los propios testimonios citados en esos informes, apenas veinte segundos de revisión. La pregunta de Virilio sobre la "logística de la percepción" adquiere aquí una densidad ética inesperada: ¿puede considerarse decisión humana aquella que un humano ratifica en veinte segundos a partir de una lista generada algorítmicamente? La velocidad no solo cambia la táctica. Cambia la estructura moral de la responsabilidad.
Conviene ser prudentes aquí. Los reportajes citados han sido disputados por fuentes oficiales israelíes, y la verificación independiente es limitada. Pero incluso como hipótesis operativa, el escenario que describen es perfectamente coherente con la lógica que Virilio analizó durante décadas: la aceleración de la decisión no amplía la capacidad humana de juicio, la sustituye progresivamente por la velocidad del sistema.
¿Qué queda de Virilio? Pertinencia y límites
Releer a Virilio hoy no es un ejercicio de arqueología intelectual. Pero tampoco podemos leerlo de forma acrítica, como si sus textos de los años ochenta y noventa anticiparan con precisión quirúrgica el presente. Hay limitaciones reales en su aparato conceptual que conviene señalar.
La primera es su tendencia al determinismo tecnológico. Virilio describe la aceleración como un proceso casi autónomo, una lógica que se despliega con independencia de las decisiones políticas, económicas y sociales que la sostienen. Esta visión, aunque produce análisis extraordinariamente lúcidos, tiende a invisibilizar la agencia de los actores concretos, los Estados, las corporaciones tecnológicas, los lobbies de defensa, que diseñan, financian y despliegan estas tecnologías por razones muy específicas. La velocidad no se acelera sola. La aceleran Lockheed Martin, Elbit Systems, Palantir y Anduril, y lo hacen porque obtienen beneficios medibles con ello.
La segunda limitación es su escasa atención a las resistencias y los límites del proceso que describe. La "guerra pura" de Virilio tiende a presentarse como un proceso sin fisuras, una totalización que no admite contradicción interna. La realidad de los conflictos contemporáneos es más compleja: los sistemas autónomos fallan, los hackers los neutralizan, los adversarios asimétricos desarrollan estrategias de evasión que resultan inaccesibles para los algoritmos de clasificación. La dromología, llevada al extremo, puede producir una imagen de la dominación tecnológica más coherente de lo que los hechos autorizan.Se trata de un territorio complejo.
Con todo, la pregunta central que Virilio formuló y que ninguna de sus limitaciones invalida sigue sin respuesta satisfactoria: ¿cuándo la velocidad de un sistema técnico supera la capacidad de comprensión humana de sus consecuencias, quién decide y quién responde? Los drones han desplazado el cuerpo del operador fuera del campo de batalla. La inteligencia artificial está desplazando, de forma más silenciosa, la decisión humana fuera de la cadena de mando. Si la dromología tiene razón, este no es un accidente de la tecnología sino su trayectoria lógica.
Nadie aprieta el gatillo. Eso es precisamente lo que Virilio nos pedía que entendiéramos, y lo que el debate público sobre IA militar todavía no ha asimilado del todo.
Referencias
Chamayou, G. (2013). Théorie du drone. La Fabrique éditions. [Traducción al español: Teoría del dron. NED ediciones, 2016.]
Scharre, P. (2018). Army of None: Autonomous Weapons and the Future of War. W. W. Norton.
Singer, P. W. (2009). Wired for War: The Robotics Revolution and Conflict in the Twenty-First Century. Penguin Press.
Virilio, P. (1975). Bunker archéologie. Centre Georges Pompidou. [Edición revisada: Galilée, 1994.]
Virilio, P. (1977). Vitesse et politique. Galilée. [Traducción al español: Velocidad y política. La Marca Editora, 2006.]
Virilio, P. (1984). Guerre et cinéma: Logistique de la perception. Éditions de l'Étoile. [Traducción al español: Guerra y cine: logística de la percepción. Paidós, 1989.]
Virilio, P. (1988). La machine de vision. Galilée. [Traducción al español: La máquina de visión. Cátedra, 1989.]
Virilio, P. (1998). La bombe informatique. Galilée. [Traducción al español: La bomba informática. Cátedra, 1999.]
Virilio, P. (2004). Ville panique. Galilée. [Traducción al español: Ciudad pánico. El Mamífero Parlante, 2006.]
Virilio, P. (2005). L'accident originel. Galilée. [Traducción al español: El accidente original. Amorrortu, 2009.]
Virilio, P., y Lotringer, S. (1983). Pure War. Semiotext(e). [Traducción al español: Guerra pura. El Mamífero Parlante, 2011.]
Fernando Santamaría
IAforTeachers.com
20 de junio de 2026